
Está claro que si no tengo fe en mí, veo las cosas más negativas en ocasiones de cómo están y que necesito creer en que todo puede salir bien dependiendo del empeño que yo le ponga. Es una dualidad constante en mi vida, si yo me veo bien, me da igual lo que me ocurra, puedo con ello y no me puede parar el problema, y si no me veo bien, pienso que la culpa de todas las cosas negativas de mi vida son por mi culpa y los problemas se acrecientan. Soy demasiado duro conmigo en estos casos y en verdad me hace recapacitar de muchas cosas con el tiempo, y aunque no me gustan las formas, el modo da resultado.
El problema reside en quien depositas tu fe, hay personas a las que valoro muchísimo y sin embargo no puedo decirles confío en ti cien por cien y hay otras personas a las que apenas veo o estoy en contacto y puedes explicarles con pelos y señales que es lo que te ocurre porque intentan poner su granito de arena en tu bienestar y son mucho más útiles que muchas personas de tu alrededor en las cuales la fe no ha servido de nada y con los que te consideras ateo frente a su religión.
Por otro lado hay un caso atípico de persona en la que confío plenamente, aunque los resultados no suelen tener término medio o consigue arreglarme o a veces me destruye, sin ánimo de hacerlo, ni con maldad e incluso creo que ni se da cuenta de lo sucedido... No me importa jugar a la ruleta rusa con esta persona, pues lo que no consigue destruirte te hace aun mas poderoso y porque se necesita su presencia y su forma de ser. Es como una droga de la cual no puedo desengancharme y en la que tengo plena fe, porque los daños jamás superaran a los beneficios…