
Quizás la vida
le había dado la espalda, o quizás él lo entendió así..., lo único que
realmente estaba claro es que se había cansado de luchar por las cosas que
quería, porque aun pareciendo cercanas, y pese a su esfuerzo continuado, estas
se habían vuelto imposibles, inaccesibles o simplemente tan sumamente viciadas,
que no tenían sentido volver a intentarlo sabiendo de antemano que iba a
fallar.
Socialmente
hablando no le iba a mejor, en la mayoría de los casos, o por lo menos en los
que más necesitaba, sólo recibía los típicos "¿qué tal estás?" que se
dan única y exclusivamente cuando la otra persona ha hecho algo por ti con
anterioridad, como por ejemplo empezar dicha conversación, cosa que raramente
hubiera sucedido en el caso contrario.
Tan cansado
estaba de todo, que sus días eran atemporales, daba igual lunes que domingo y
la calidad de su tiempo era nula. Él empezó pensando que había fallado al mundo
para posteriormente creer que era el mundo quien le fallaba a él.
Decidió con
ello despojarse de sentimientos, de ataduras emocionales, de sentir o padecer
por gente a la que por mucho que le importará no era recíproco e, incluso a
veces, inversamente proporcional.
¿De qué sirve
esperar a los demás si su reacción nunca llega? ¿de qué sirve sufrir
aferrándose a palabras efímeras y hechos nulos?
Con esa
inanición de ganas su sentido de la vida se volvió anoréxico, decidiendo
voluntariamente dejarlo de alimentar con lo poco a lo que podía aferrarse para
ese fin.
Comprendió que
vivía en un mundo hostil, egoísta, egocéntrico, donde priman las cosas
superfluas y nos da igual los principios básicos. Donde un yo siempre valdrá
mucho más que un tu, donde muchas veces un nosotros se camufla en un me
aprovecho de ti hasta que me dejes de servir...
No es que con
ello quisiese quitarse de en medio, mas bien simplemente no encontraba sentido
a vivir así, no de esa forma, no con esas reglas, no con ese molde de
cultura...
Y queriendo ser
diferente, se volvió como ellos, vacio de sentimientos, vacio de empatía, vacio
de capacidad de entender al prójimo y al que todo le daba igual mientras nadie
le estorbase en su soledad, a la que otros pese a ser ese su fin, estar
rodeados de gente y sentirse únicos protagonistas, llamaban alegría. Misma mona
con diferente vestido...
La misma planta
muere si la dejas de regar o la inundas todos los días innecesariamente.
Y tan malo es
un polo como el otro, cuando la verdadera virtud siempre será un término medio,
donde conjuguemos bien las personas de los verbos y no se queden disfrazadas
todas en la primera del singular.
Quizás algo
tenía que cambiar en su vida para no seguir siendo así o quizás, también, algo
debía cambiar en la vida de los demás para quitar esa forma de vivir, que
no era ni forma, ni vida, ni era nada... pero a pesar de hablar todos el mismo
idioma, por mucho que abriera la boca, nunca le entendieron, quizás porque el
escuchar, en esta época, también estaba sobrevalorado, porque eso implica poner
atención en los demás en vez de dársela exclusivamente a uno mismo.
¿Dónde está el "Me gusta"? :P
ResponderEliminarMe quedo con "Y tan malo es un polo como el otro, cuando la verdadera virtud siempre será un término medio". Cuánta razón!!
Es una especie de crítica cuando despreciamos a alguien, por hechos que pueden ser objetivos, pero no nos fijamos que nosotros mismos podemos causar esos hechos y que también tenemos los mismos pecados... Simplemente vomité palabras, me alegro que te haya gustado, mola mas que te lo digan ;P
Eliminar